miércoles, 1 de diciembre de 2010

La comunicación y los actos de habla

Después de un tiempo de sequía volvemos a la carga...

Hoy la reflexión versa sobre la propia comunicación que hiere a la vista muchas veces.

El propio hecho de denominarse comunicación implica muchas cosas y relaciona muchos conceptos, además de ser un tema muy serio. No es un concepto banal que se puede utilizar a la ligera. ¿Soy acaso yo un comunicador? Podríamos decir que si, pero no se me pegaría la etiqueta de comunicador, por el simple hecho de que mis actos de habla no van dirigidos con esas funciones ilocutivas propias del que quiere comunicar, siendo a su vez, como un examen tipo test donde puedes elegir varias respuestas.

Veamos un ejemplo con la siguiente frase a analizar, donde usted, pequeño saltamontes, deberá elegir una opción:

¿Que función ilocutiva puede deducir de este texto?

"En Internet, y concretamente en Twitter, hay mucha gente que se aburre"


(a)Asertivos: su propósito es representar un estado de cosas como real.
(b)Compromisivos: su objeto es comprometer al hablante con un curso de acción futuro.
(c)Directivos: su objeto es comprometer al oyente con un curso de acción futura.
(d)Declarativos: su propósito es crear una situación nueva.
(e)Expresivos: sirven para manifestar sentimientos y actitudes del hablante.
(f)Todas las respuestas son correctas.


Justifique su respuesta. Y para terminar dígame cual es la función ilocutiva de esta entrada del blog.

jueves, 10 de junio de 2010

No conquistas nada...con una ensalada...

Nada mas que decir...


Ya queda menos, y se aproxima un pedazo de verano de alucine...

lunes, 3 de mayo de 2010

Interludio

Por la proximidad de los examenes, voy a poner el aviso a pringaos navegantes:

Estoy de examenes, si no quereis verme como el perro del video anterior, no me toqueis la moral.




Mick, se que lees mi blog, debes hacer un examen facil de grammar, que me quiero ir de vacaciones.

Mick, I know you are reading my blog...you MUST write an easy grammar exam, I want to go on holiday.

lunes, 22 de marzo de 2010

Reencuentro: Crónica de un ambulatorio

Aquella tarde, esa señora creía que se hundía en su soledad. Una señora sola, abandonada por circunstancias de la vida, solo le quedaba él. Ochenta años cada uno, un piso, una cama.

Eran las seis de la tarde, hacia bastante frió, era de esos de días de la ola de frío que arrasó la capital. El centro como siempre estaba atestado de gente, no paraba de subir y bajar gente de las plantas, y como siempre el ascensor se estropeaba...el inteligente técnico que puso ese ascensor ahí, no cayó en la cuenta de que los cables se mojan y se saltan los fusibles, pero bueno, cada mañana tenemos que poner una vela para que no llueva y no ocurra.

Aquella tarde, no me acuerdo el día exacto, pero estaba predestinada a ser como todas las demás, una aventura simpática, para contaros.



La ventanilla dejó de recibir gente y poco a poco se fue despejando la cosa, pero una señora rezagada apareció por mi ventanilla para dejar unas recetas y dárselas al inspector medico. Como suele ser costumbre, nos regalo unos caramelos de menta, esos caramelos que siempre están en los bolsos de las señoras mayores con el envoltorio amarillo y verde. Unas sonoras gracias y unas buenas tardes fue lo que dijo.



Me despisté, estaba en el momento álgido de mi partida, mis soldados tenían que avanzar, y tenia bastantes tropas.



Y allí la teníamos de nuevo. Con la cara desencajada empezó a preguntar por un señor mayor que iba con ella, pero nadie supo responder, nadie había visto nada, pero la señora seguía empeñada en que estaba aquí, que había venido al medico con ella y tenia que estar por algún lado...

Salí a su encuentro y me describió un señor mayor, con bastón, boina y traje.

Como suelo hacer en estos casos, subo corriendo las ocho plantas y voy pulsando todos los botones del ascensor para que baje poco a poco, y comencé el rastreo por todas las salas, a lo que no encontré nada.

Volvía para decirle a la señora que no le había visto, cuando me dijo que le había visto en el ascensor y que subía de nuevo, que le había dicho adiós con la mano. Subí de nuevo a la planta y allí no había nadie, estaban cerrando ya las consultas. Al bajar de nuevo, senté a la señora y la dije que me explicara que había visto.

- Estaba aquí conmigo...y se fue. Tienen que encontrarlo porque no tiene documentación, tiene alzheimer y estamos solos, nuestros hijos viven fuera de España...Cuando le vi, me estaba saludando desde el ascensor...Le vi y me dijo adiós y se cerro la puerta.

Pensando en ello, deduje que lo que la señora había visto era el reflejo de su marido en el espejo del ascensor.

Como alma que lleva el diablo, salí corriendo con la bata a la calle para localizarle. Pregunte en las tiendas cercanas y me dijeron que le habían visto en la peluquería...y efectivamente allí estuvo.

Debe ser que el calor de la peluquería no deja pensar bien, y en vez de avisar al centro de salud, que es el portal de al lado, de que hay un señor perdido con alzheimer, siendo la solución mas lógica, las peluqueras llamaron a la policía y se llevaron al hombre.



Lo difícil vino después, cuando intentamos explicarle a la señora que su marido se lo había llevado la policía. Para ello contamos con mi compañera, la experta tratando con personas mayores. Supongo que convivir con una persona con alzheimer o con perdidas de memoria, supone un sexto sentido y un tacto especial para estas cosas.

Se puso blanca, lloraba como una niña pequeña, se habían llevado a su único apoyo, pero ella no lloraba por ella, sino, por su marido que no sabia valerse por si solo.



Mientras llamaba a la policía para que lo trajeran de vuelta, cosa bastante ineficaz, ya que hicieron oídos sordos a la petición, se fueron a dar un paseo con la señora desconsolada.



Al cabo de un rato, intentando avisar a algún familiar cercano, mirando la base de datos, aparecieron dos coches de policía. Salí corriendo a ver si era aquí, pero parecía que no, pasaron de largo. Lo que no nos dimos cuenta fue del coche de patrulla que estaba aparcado en la esquina del centro. Me acerque a verlo, por si había alguien, pero estaba todo apagado.



Volvían las dos con un chocolate caliente en las manos, hacia un frío horrible y era necesario. La señora comenzaba a ponerse nerviosa, pero mi compañera supo contentarla y animarla con halagos y conversaciones repentinas para distraerla del mal trago. Su cara comenzaba a cambiar. Pero cambió más cuando a lo lejos vio venir una patrulla de policía con su marido agarrado de sus brazos.

Soltó su chocolate y salió corriendo a recibir a su marido con los brazos abiertos. Eran como dos niños pequeños que se volvían a ver después de las vacaciones, una sonrisa infantil e inocente brotó de la boca del señor y se abrazaron llorando desconsoladamente.



La patrulla se colgó la medalla al llevarse al señor a dar un paseo.



Muchas veces pienso que la gente tiene pocas luces, y toma el camino mas complicado. Afortunadamente todo quedo en un mal susto.

Sus caras no se me olvidaran jamás, esa inocencia y esa sonrisa arrugada por los años, fue la cosa mas sincera que he visto en mi vida.

lunes, 30 de noviembre de 2009

El Ghetto de Roma, un placer para vuestros sentidos

Era un día cojonudo. Dos gandules venían a verme a Roma y como no, había que hacer un Tour turístico y acabamos en el Ghetto.


Lo cómico de la situación, aparte de sus tirabuzones y barbas, fue que tuve hambre, y quería comer algo por allí. Todo el mundo me decía que no tenia nada, incluso las tiendas de alimentación que se dedican a ello!!!

El colmo fue cuando entre en una panadería a rebosar de gente, y todos se giraron para verme y ponerme cara de pocos amigos...


Una y no más.

Os dejo, magno documento.


domingo, 22 de noviembre de 2009

Miseria: Crónica de un ambulatorio

Sigo con un relato de mi madre, este no tiene desperdicio. En él se junta la bajeza humana, el desprecio por la profesión y la miseria de un alma.





Era una mañana bastante calurosa. Aun no habían puesto el aire acondicionado en el centro y estaban las ventanas abiertas. Corría una brisa muy agradable, además, había pocos pacientes pululando por el centro, los de siempre. Receta arriba, receta abajo.



Esa mañana los ánimos generales estaban un poco flojos en el equipo sanitario, eran muchos cambios en tan poco tiempo y la poca paz que había, se veía turbada cada vez que se mencionaba la palabra "equipo". Era una palabra tabú, desde que se habían fusionado los dos equipos sanitarios, todo iba mal misteriosamente, pero lo que no sabían es que, el motivo residia en si mismos, son ellos los que se ponen la zancadilla.



Se estaba muy bien dentro del mostrador, unos momentos de paz, ideales para degustar la bandeja de pasteles que había traído la suplente. La tradición se debe cumplir, y el suplente debe traer un detalle al final de su estancia de suplencia. Y ahí estaban, había de todo, de chocolate, borrachos, de crema, trufas. Un verdadero "break" por la mañana. Como decía, las ventanas estaban abiertas y entraba una brisa muy agradable. Conversaban sobre las vacaciones de verano, posibles suplentes, reorganización del equipo y esos asuntos, pero la brisa dejo de ser agradable y un latigazo, seguido de dos explosiones rompió la calma. Una respiración rápida y varios chillidos de señora, hizo que abriera las ventanas. Era negro, y echaba humo. Lo vi, y automáticamente cogí la silla de ruedas.

Se acercaba a paso lento, y le rodeaba una nube. El pelo lo tenia de punta y le salían hilitos de humos por cada poro de su cabeza. Era como en los dibujos animados, el cuerpo negro, el pelo de punta, la ropa quemada, y el humo saliendo por su cabeza.



Se había electrocutado.




El olor era insoportable, indescriptible. La carne quemada huele mal. Una mezcla entre piel, tela y plástico, todo ello junto se concentraba en su brazo. Parecía un ser inanimado, sin alma, pero era consciente, del impacto había perdido el habla, pero no dejaba de mirar a todos lados. Imagino que en esos momentos veía su vida pasar y pensaba en aquellas tierras del Este que dejaba atrás, quizás en aquella chica que tuvo que olvidar cuando vino aquí, a hacerse rico, al lejano Oeste.

Por suerte el ascensor estaba abierto y le subí rápidamente a la sala de curas. No me dio tiempo a llamar ningún sanitario, tan solo corrí y le metí dentro. Allí, en esa consulta, había un doctor. A su lado la pobre enfermera de prácticas. Aparqué la silla de ruedas y grité pidiendo un médico con urgencia, mientras oía los pasos de mi compañera subiendo por las escaleras.

Pero nadie salía. Volví a gritar.

- ¿Qué pasa aquí? - salió como si fuera un ratón de su escondite

- Doctor, tenemos un electrocutado. ¿Qué hago?

- Nada, no estoy de guardia- Y la puerta se cerró de golpe.



En ese momento me quedé sin palabras, se juntaron millones de sentimientos en mi cabeza. Mi compañera llegó y subió a la siguiente planta.

No sabia que hacer, el tiempo pasaba despacio, y aquello no se movía.



Al rato, no sabría decir cuanto, bajó un doctor, y le metió en la sala de curas, junto a dos enfermeras. Cerraron la puerta.



Ahí me quede yo, sin saber que hacer, ni que pensar. Esto no podía haber pasado.



Unos minutos después, se abre la puerta del médico, coge su maletín sonriente y baja por las escaleras. Ahí seguía yo, mirando al infinito.

El tiempo pasaba y seguía sin inmutarme. Se abrió la puerta y aquella mancha negra salía ya despierta, consciente, por su propio pie, con su ropa quemada, al lado del doctor que le salvó la vida y sus enfermeras. Me cogió por el hombro y me dio las gracias. Nunca se me olvidara lo que dijo con un fuerte acento...

- Soy del Este, no morimos tan fácilmente.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Pasajeros al tren

Esta mañana me han ofrecido, el que posiblemente sea el mejor trabajo que me hayan podido ofrecer, pero por razones de peso, lo he rechazado...
Mucho dinero al mes limpio, varias pagas extras + comisiones trabajando en la que probablemente sea la mejor tienda de música de Madrid...Debo de estar loco. Me siento orgulloso de que cuenten conmigo para esa hazaña, pero ahora mismo es imposible....estoy loco.

Pero debo deciros que no, no lo estoy. Solo tengo ganas de seguir estudiando y aprender más. Estoy a gusto, tanto, como un arbusto. No me hace falta más.


Hubiera sido una tortura esta rodeado de tantísimo material y no poder hincarle el diente, para que os voy a engañar.


Ale, en unos días subo un par de capítulos mas, que tengo un par de historias listas.

PD: alguien es capaz de adivinar el porque del titulo?

Hoy suena esta canción desde el minuto 9:40 (muy importante desde ese minuto) hasta el final en modo bucle eterna, un pequeño homenaje a todos los que deje en el camino, ¡os quiero chicos!


Opeth – Deliverance